Chamula es un centro cultural, colectivo, alternativo e independiente de Olavarría. Hace un tiempo atrás que el propietario le pidió el espacio de Pueblo Nuevo para venderlo. A partir de ese momento tuvieron que enfrentar problemas, desafíos y luchas para conseguir otro lugar y de esta manera no bajar el telón.
Hablar de Chamula significa estar sumergido en un mundo de colores, personajes, historias, aromas y música. Es la tierra de las artes, donde se permite sentir y volar con la imaginación. Tienen como objetivo significar, complementar y – ¿Por qué no?- transformar la realidad cultural de Olavarría. Es como un faro de luz ante la escasez de lugares que hay para el arte independiente local.
Este espacio empezó a surgir desde muy abajo, hace aproximadamente siete años atrás, por iniciativa de un grupo de actores independientes llamado: “Del palo teatro”, con la idea de visibilizar diversas cuestiones del arte; como por ejemplo: acercar el teatro a personas que nunca habían ido.

Con el tiempo, gracias al aumento de los integrantes, tuvieron la idea de expandirse un poco más, por eso empezaron a abrirles las puertas a otras artes: como la música, las actividades circenses, la danza, la expresión corporal, entre tantas otras disciplinas. De esta manera se fue forjando Chamula.
Este grupo nació en el corazón de Pueblo Nuevo, más precisamente en el viejo galpón donde funcionaba la tradicional sodería Palahy. Lo encontraron todo abandonado y rapidamente con mucho esfuerzo, empezaron a refaccionarlo para que funcione. Su nombre se debe a un cuento del autor uruguayo Eduardo Galeano, que cuenta la historia de cómo es nacer en Chamula.

Este centro, escapa a las lógicas de mercado de la industria cultural, más bien es un proyecto independiente, colectivo y autogestivo para los artistas emergentes, allí confluyen muchas actividades como seminarios, conciertos, muestras de artes, talleres, ferias de economía popular, entre tantas otras. Además es un lugar de encuentros entre los artistas, de compañerismos y de amistad.
En esta línea, Laura Tropea, integrante y fundadora de Chamula comentó que: “ yo creo que el arte salva, y esto no lo digo como una frase, yo creo que es real , porque el arte sensibiliza y moviliza, en el sentido de que acá en Chamula, muchas personas pudieron “ser”, “ser” desde su forma de sentir, de vestir, sus formas de poder canalizar alguna disciplina, que por ahí en otros lugares no se puede;- no sé- por ahí tenés una banda de rock, ensayan en el garage de tu casa- ¿dónde salís a tocar?- “Sí, podes salir a tocar”, pero digamos que la gente que va al bar te puede escuchar o no, y eso es válido porque es un lugar de distracción. En cambio vos venís acá, pedís una fecha, y la gente tiene ganas de verte a vos, específicamente”, detalló.

En Chamula les dan la bienvenida a todos los artistas, pero hacen mayor hincapié hacia personas que por ahí no tienen un gran desarrollo de marketing, en la cual abarque asistentes, representantes, agentes de prensa, seguridad, producción, etc, es decir, toda una compañía que lo respalde, sino más bien, van para el lado de artistas que lo vienen “remando” desde muy abajo , pero tienen un gran talento y todo un potencial para mostrar y compartir con el público. No importa en que teatros actuó , cuantos discos sacó, o que giras hizo, todos los artistas tienen lugar.

Para Cristian Bernardo, integrante de la comisión afirmó que Chamula es “la casita del árbol que nunca tuvimos, donde uno podía animarse a jugar, hacer, a crear y a soñar. Creo que eso es lo que pensamos tanto la comisión como las personas que vienen ayudar«, en este punto agregó que:
este centro cultural es un lugar más que tiene la ciudad, para que los y las artistas puedan encontrar un espacio; y aunque tengamos limitaciones en cuanto a lo técnico, tratamos de darle lo mejor al artista. En todo este tiempo tuvimos muy buena repercusión y la verdad que estamos muy contentos y orgulloso de que nos vuelvan a elegir», indicó.
Si bien es un centro cultural independiente y que no pertenece a ninguna rama política, si tiene una postura, que se centra en la inclusión, en la diversidad y en el respeto. En este sentido Laura aclaró que: “todos los las y “les” trabajadores de acá de este colectivo, tienen ideología partidaria diferente, y eso no nos interesa; pero si tenemos una postura política – Cuando digo postura política- digo que no le vamos a dar lugar a un machista,- no sé -como Baby Etchecopar, que fue al teatro municipal, acá no se le daría el espacio, pero después somos todos amplios”, sostuvo .

El desafío de no bajar el telón
Para estos centros autogestivos , colectivos, e independientes siempre fue un problema la financiación; Si bien su principal objetivo no es la ganancia como lo haría una empresa, pero si tiene gastos fijos que solventar, y esto abarca desde los servicios de luz, agua y calefacción, hasta gastos de mantenimientos e insumos técnicos de las obras que se presentan.
Muchas de las recaudaciones, provienen de aportes de los talleres, los seminarios, ventas de comidas, rifas; servicios de cantina, como también hay aportes solidarios de personas que quieren el lugar.

A Chamula no solamente le afectó la cuarentena, sino que también perdieron el espacio, según Tropea: “nos enteramos de la venta del predio de un dia para el otro. Me acuerdo que se comunicó conmigo el dueño para avisarme que ya se había vendido , y que nos avisaba con tiempo como para que pudiéramos desalojar el lugar; creo que el titular del predio tenía desconocimiento acerca de lo que hacíamos y la manera que teníamos tanto de gestionar y de funcionar”, lamentó.
Los integrantes se angustiaron mucho cuando se enteraron de la noticia, porque era dejar atrás risas, encuentros, y miles de historias que encerraba en cada rincón. Por lo tanto, pareciera que la alegría y el color que tanto les caracterizaban a este grupo, se fue opacando por momentos de tristezas y con la incertidumbre de ver si seguirían con su arte, o bajarían el telón para siempre.
La lucha por un espacio
Lejos de quedarse con los brazos cruzados, realizaron toda una movida a través de las redes sociales, para ver si podrían conseguir un lugar que pudieran suplantar la tradicional sodería.

En ese entonces escribieron una carta por redes sociales que decía : “queremos informarles que hace unos días nos enteramos que debemos dejar nuestro lugar, en el que tanto hemos trabajado todos estos años de manera autogestiva. Como ustedes saben ha sido un gran esfuerzo, y muchas horas de trabajo puestas en el espacio, porque soñamos y sabemos de la importancia de lugares como este en nuestra ciudad; y de los sentidos que hemos construido en relación a nuestras ideas de proyectos culturales con respecto al arte, y lo que cada “une” de ustedes ha aportado con su presencia en el mismo», describieron en el primer párrafo.
Luego añadieron: “Chamula se instaló en nuestra ciudad con el compromiso de “les” integrantes, talleristas y con ustedes. Nos sentimos “recibides” ” y acompañades” en todas nuestras propuestas. Hemos consolidado un gran trabajo y compromiso con muchas causas sociales con las que nos “sentimos convocades” e “involucrades”, entendiendo que esta es nuestra manera, a través del arte, de transformar realidades”, admitieron en el comunicado.
A partir de ahí, muchos artistas y personas manifestaron su apoyo con mensajes y videos solidarizándose a través del hagstag: #PORUNESPACIOPARACHAMULA. Por redes sociales. Esta situación fue replicadas por los medios de comunicación locales, en las cuales muchos periodistas comentaban y apelaban sobre la importancia de este tipo de lugares.

Otra cosa que hicieron desde la comisión, fue confeccionar cartas dirigidos a todos los estamentos gubernamentales tanto a nivel municipal, provincial y nacional para conseguir algún tipo de subsidios que les permitieran seguir trabajando.
Gracias a toda esta gran campaña , los integrantes fueron recibidos en el Concejo deliberante, en julio del 2019.. En esa reunión estuvieron presentes los concejales: Eduardo Rodríguez, Inés Creimer, Ubaldo García, Mercedes Landivar, Celeste Arouxet y Guillermo Lascano, y les plantearon las problemáticas que estaban pasando, entre ellos :resguardar todo el material que se usaba para los espectáculos, buscar las formas de volver a trabajar y encontrar un espacio físico donde pudieran desarrollarse artística-mente.
Pero en aquel en aquel momento los ediles les explicaron “que cualquier propuesta que venga para cultura o deportes, el Departamento Ejecutivo veta esa ordenanza o ese proyecto, entonces se les hace más difícil lograr una solución”. De esta manera la angustia, la tristeza y las incertidumbres seguían aumentando.
En esta línea Tropea remarcó que “nosotros en realidad reclamamos que el estado tiene que estar presente en estos lugares, apoyando y pensando en una habilitación posible y un subsidio. Nosotros a diferencia de una cervecería o un pub, no somos un proyecto empresarial, esto es un proyecto colectivo, donde recibimos pintura y cosas donadas, entonces el estado tiene que estar presente, y ya te digo hoy esta Ezequiel Galli y mañana puede ser algún otro intendente, no importa, acá tiene que estar el estado municipal , para que nos den un apoyo como se les puede dar a los clubes o a las bibliotecas populares”, argumentó.

Pero las horas y los dias pasaban, había mucha preocupación para conseguir un lugar. Pero de pronto, un brote de esperanza les floreció, cuando unos funcionarios de la provincia, les comentaron que podían trabajar en un corralón de motos secuestradas en el barrio El Provincial, Pero cuando la comisión evaluó ese proyecto, se encontraron que las condiciones para su funcionamiento y el lugar no eran las adecuadas para Chamula.
En este contexto parecía ser el fin, seguían luchando para continuar, la comisión hablaba por el grupo de whatsapp, buscaban todas las alternativas para no bajar el telón para siempre.

Arriba el telón
Un día Laura Tropea, se acordó que en su barrio, había un viejo galpón ubicado en Maipú 3758 (entre República del Líbano y José Luis Torres); y que por las dimensiones era adecuada para Chamula, entonces se reunió con la comisión para proponerle esta idea; pareciera que la esperanza les volvía a reflorecerles.
Lo primero que hicieron fue ubicar al propietario, luego de varias y largas charlas en el que les explicaban como funcionaba y se gestionaba este proyecto y pudieron acordar condiciones más flexibles, decidió alquilárselo. Para el grupo fue una alegría enorme.
En Febrero, con mucho entusiasmo, los integrantes empezaron a preparar la mudanza, según Cristian Bernardo: “Tuvimos dos semanas tratando de desarmar todo lo que habíamos construido en el espacio anterior, eso fue un trabajo enorme, porque las estructuras de la sala del teatro son muy grandes y con materiales muy pesados. De esta manera fuimos acopiando todos los elementos, y luego conseguimos un vehículo como para trasladar todo a la nueva sede. La mudanza se hizo en un día porque eramos veinte personas trabajando”, recordó.

Cuando abrieron el portón de chapa e ingresaron al enorme galpón, se encontraron que estaba sucio, desprolijo. Por lo tanto empezaron a poner “manos a la obra”, para colocar las luces, pintar las paredes, barnizar las maderas, soldar los caños de la caldera, refaccionar el baño y la cocina. Actualmente siguen mejoran-dolo.
Ahora el grupo, con esta nueva sede, están más tranquilo debido a las flexibilidades del alquiler, pero todavía la campaña de recaudación para abonar la renta y los gastos propios del espacio, sigue en pie.

Con este nuevo escenario, la comisión está pensando en encarar nuevos proyectos, montar espectáculos que no se habían hecho, ampliar ofertas de talleres y construir una red de trabajo con otros centros culturales.
